martes, 30 de septiembre de 2008

¿Por qué?

Estoy a punto de ir a dormir, entonces me pregunto: "¿Por qué nunca sueño con las personas que extraño?". Sobre todo con aquellas a las que no puedo acceder de otra manera, estoy a punto de ir a dormir y me llevo la esperanza de que esta noche es propicia para el reencuentro.

lunes, 11 de agosto de 2008

Naturaleza lunapersonal

Lágrimas de luna persona que brotan de la honda herida del infinito de un cuerpo. Herida que sangra en el torso, justo en el lado izquierdo, y supura agua de luna y tristeza, mientras la luna persona parece deshabitada, perdida en un laberinto de recuerdos que se niegan a volverse olvido y no sin razón porque, ¿a quién le gusta ser olvido? o, mejor dicho, ¿ser olvidado?

Las lunas persona lloran su experiencia y se lamentan de lo doloroso de su menguar, del cuarto creciente, de volverse llenas. Se duelen del ciclo, de los giros interminables que les provocan primero náuseas y luego las hacen vomitar.

Lunas persona que se consuelan pensando que todo tiene una razón, un por qué y un para qué, que se sostienen para cumplir un destino y hacer uso de las “ayudas invisibles” como si al Universo le importaran las lunas que sangran y lloran. Como si Dios se preocupara de su pequeñez, de su memoria o su vacío. Pobres lunas persona, tan heridas, tan solas, tan vulnerables... pobres lunas danzantes que inventan sentidos sólo para ser satélite, al menos, un día más.

sábado, 12 de julio de 2008

No dejo

Hoy me estuve recordando, pensé en aquella Esther de hace cinco o diez años atrás, me vi como en una película que sólo corría por mi mente, como si en algún momento realmente hubiera sido espectadora de mi propia historia. Pensé tanto en mi, en esa otra mi que comencé a extrañarla... extrañarme.

Me recuerdo y sobreviene la nostalgia. La vida, mejor dicho: vivir, me ha quitado un poco de lo que era, las pupilas ya no se dilatan con facilidad, he perdido intensidad y fe, no fe en Dios que ya me parece un ítem más complicado, fe en lo cotidiano, en aquellas cosas que crecí dando por hecho... por muchos años creí que ciertos elementos de mi futuro más que posibilidades eran certezas; hoy ya ni siquiera los pienso ni como una ni como otra cosa.

Encuentro que me cuesta trabajo pensar en el amor y cuando lo hago sólo me lleno de preguntas: ¿podré volver a enamorarme?, ¿seré capaz de convivir con otro ser?, ¿soportaría la vulnerabilidad en que históricamente me ha puesto ese estado? y, lo más importante, ¿sobreviviría a una rotura de corazón?

Pienso en mi y en la que era y me extraño, entonces me preguntaba menos y me atrevía más.

domingo, 15 de junio de 2008

...

Ella extraña esas "otras" tierras, esos pasos andados, los olores perdidos de un tiempo lejano... extraña a la que fue ese día que, hoy, casi no recuerda, como si aquella en la que piensa hubiera sido otra mujer, una con el mismo nombre y día de nacimiento. ¡Felices 35!

jueves, 22 de mayo de 2008

miércoles, 21 de mayo de 2008

El calendario, que cambia de hojas rápidamente, marca 13 de agosto de 2005. Suena el teléfono y todo se congela, escucho palabras, las más contundentes: “Ha muerto”.

El mundo se vuelve un glaciar redondo con los polos achatados... flotante, frío, inhóspito y completamente blanco. Y aunque es un mundo lleno, llenísimo de gente, estoy infinitamente sola.

Llueve y siento estacas de hielo cruzándome en todas direcciones: en cuanto me penetran, me vuelven también de hielo, me siento ajena a lo que está y veo, excepto a ti que me dueles; y aunque todo es frío, y aunque me crujen los huesos, y aunque sangro, este es un dolor diferente de todos, es como el hielo que me rodea, como el que soy: puro y blanco.

Me dueles porque te amo, me dueles porque de ti sólo quedará la ausencia.

¿Entiendes lo que significa nunca más?, mejor dicho, ¿lo entiendo yo? Nunca más tus ojos, tus manos... ya nunca más de carne, ya nunca más habitados, ya nunca más conmigo.

Quizá algún día el hielo volverá a ser agua, quizá entonces podré llorar y llorar hasta descongelarme y fluir por delgados y largos cauces, cauces como cabellos a los que los rayos del sol quemarán con fuerza para que, por fin, pueda evaporarme.

Te extraño tanto...

martes, 22 de abril de 2008

En dónde...

El juicio final, atribuido a El Bosco, s. XVI

Dónde quedará ese lugar tan cierto y tan perdido... ese a donde se mudan las ganas de los seres cuando son desalojadas del cuerpo inerte. ¿Cuál es el camino que toman la pasión, los abrazos y los besos?, ¿en dónde se esconden?, ¿se quedan suspendidos en el aire esperando adherirse a la boca de un extraño que se abre?, ¿hay un Limbo para los besos?, ¿un Purgatorio?, ¿un Cielo o Infierno que los contiene? ¿A dónde van las ganas tras la muerte?, ¿o las ganas se van por anticipado y por ello perecemos?, ¿morimos de abandono?


La muerte no es más que la vida eterna, o mejor dicho: la muerte es eterna, omnipresente en la vida. Se nace y se muere con cada nuevo ciclo, al cumplir un año más. Al exhalar se muere, al inhalar se nace: vida y muerte siempre juntas, siempre manifiestas.

Las personas mueren al tener que romperse para poder continuar, para reordenar lo que son, para corregir el camino. Nacen cada vez que se enamoran y mueren con el último beso, con cada nueva despedida: el adiós mata... no para siempre, el aliento se recupera cuando se encuentran dos pares de ojos y logran unir las manos.

La despedida es eterna, nos despedimos de cuerpos muertos, quizá reducidos a cenizas, nos despedimos de cuerpos vivos que en nosotros se quedan muertos, guardados en una imagen que con el tiempo también muere, que con el tiempo deja de significar. Si en algún momento nos reencontramos con esos cuerpos, actuamos como si nos topáramos con fantasmas, porque esos, a quienes lloramos y guardamos luto, siguen vivos fuera de nosotros; a pesar de nosotros... eso horroriza.

Nos despedimos de sueños que al morir se convierten en agonizantes pesadillas, nos despedimos de búsquedas en las que no hay nada por encontrar más que cementerios, decimos adiós a las ilusiones irrealizables y, conforme crecemos, aprendemos a enterrar la esperanza, aún peor, muchos sueños se pierden en el camino, enfermos y moribundos mejor se olvidan. Los caminos están llenos de esqueletos de sueños muertos.

Cada renacimiento implica haber triturado y digerido la pequeña muerte sufrida y, al final, cuando el cuerpo permanece verdaderamente inerte, aquel que por fin logró irse, tuvo que nacer y morir incansablemente a lo largo de una vida. Tal vez por eso se dice que la muerte del cuerpo es el descanso eterno, porque después de esa muerte ya no hay más renacimiento, ¿o si?
La sola posibilidad es una pesadilla. La sola posibilidad es un grito mudo.